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1ra Carta: Testimonios de Familiares, desde Tandil, Martin Olesen para su hija Josefina !

Nota N° 276, El pastor del templo danés conmueve con dos cartas escritas a raíz del trágico fallecimiento de su hija en el accidente del domingo.

El domingo pasado mi hija Josefina, de tan sólo 17 años, falleció. Nos hunde una profunda tristeza y el dolor se hace carne permanente en nuestras vidas.

Ya no está más para compartir el almuerzo, ni tampoco para escuchar sus risas, ni para disfrutar de su excelente buen humor.

Hay una cama vacía, que quedó destendida y no nos atrevemos a tocar. Hay una carpeta del colegio que dejó demasiadas hojas en blanco, hay un cepillo de dientes que ya no se va a usar, hay sueños que no se van a cumplir, hay abrazos que no vamos a recibir. Su lugar en la mesa queda vacío, así como vacía está nuestra alma. Hay un viaje de fin de curso sin realizar, una farándula sin organizar, una fiesta de egreso sin festejar.

Se apagó, y duele la oscuridad. La angustia y la tristeza se hicieron habitantes de mi hogar sin haber sido invitadas, pero se quedan, y no se van.

El lugar que ahora no ocupa mi hija fue arrebatado por la desazón. En un segundo la vida de Josefina se apagó; y todo cambió, para mí y para tantos. El peor de los amaneceres. Como padre debí despertar a mis otros hijos y decirles la verdad. ¿Será un sueño, será realidad?. También desperté a mis padres y se lo tuve que contar, y abrazar, y llorar.

Hermanos sin hermana, abuelos sin nieta, padres sin hija, tíos sin sobrina, primos sin prima, amigos sin amiga, escuela sin alumna, iglesia con un lugar vacío, bailarín sin compañera, piano sin pianista. Son demasiados vacíos para una sola mañana. Y duele, y duele mucho. Mi problema el día anterior era que el auto no arrancaba. Para este otro problema no hay mecánico, ni médico, ni cirujano; es irreversible.

Es difícil apaciguar el dolor, porque se instala demasiado adentro y no se va. ¿Debemos aprender a vivir con esto? Pareciera que sí. Pero yo no lo quería, ni imaginaba. Son noticias que le pasan a otros, que leemos en los diarios, que escuchamos en la radio, que vemos en la televisión. Es una película, pero no somos espectadores, pasamos a ser actores. Y es una pesadilla, una pesadilla diaria y constante. Y ahí estamos, cargando un ataúd que lleva adentro un tesoro invaluable.

Nada ni nadie nos devolverá a nuestra amada Josefina. Se fue, se fue con Dios, descansa en paz, partió al Reino de los Cielos. Nos esperanzamos en el reencuentro en el día en que Dios nos llame a nosotros.
El año pasado Josefina puso en un sobre las cartas de sus amigos y familiares, y escribió en el reverso, premonitoriamente: “Sólo Dios llena el vacío interior”. Estas palabras ahora cobran sentido y me dan fortaleza.

Deseo agradecer a todos los que, en este momento tan difícil, nos han acompañado y siguen haciéndolo y deseo decirles que todo este acompañamiento recibido ha sido fundamental para que permanezcamos de pie.

También deseo pedirles que oren mucho por los heridos que quedan por recuperar. En mi oración le pido a Dios que no se lleve a nadie más.

Fuente: El Diario de Tandil: http://www.eldiariodetandil.com/2013/04/24/las-dos-cartas-de-martin-olesen-para-su-hija-josefina/

Fecha de actualización: 2013-04-24

 

   
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