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Tragedia sin fin

Nota N° 316, Un record que nadie desea ostentar

Un récord trágico e imparable: con 77 muertos en seis meses, la Región sufre “epidemia mortal” por el tránsito
Hasta ayer las víctimas fatales por accidentes viales en nuestra región sumaban 77, una cifra que supera largamente a la de años anteriores para la misma época. Detrás de esos números que no paran de crecer y que parecen parte de un paisaje siniestro pero habitual, decenas de historias dolorosas y de familias cuyos sueños quedaron destruidos
El recuerdo es un dolor en el estómago que se renueva pero nunca termina. Gustavo Le Moal lo explica como puede: “A veces quiero saber qué paso -dice-. A veces me quiero olvidar. No sé. Me parece que todavía no me doy cuenta lo que perdí”. Gustavo habla de su hija Laila, 17 años, alumna del colegio Santa Rosa y carita angelical. Laila murió el 17 de abril pasado, luego de que el Fiat 128 que conducía su novio chocara frente a las puertas del Zoológico y ella permaneciera dos semanas en la terapia intensiva del hospital San Martín. Fue la víctima número 41 del año en la locura del tránsito local. Hoy, casi tres meses después, las víctimas de esa locura ya suman 77. Un récord que asusta. Decenas de historias distintas pero unidas por un drama que, de tan furioso y repetido, ya casi no sorprende ni discrimina edades, lugares o clase social.
El recuerdo es dolor. Y certezas: de esos quince días que Gustavo permaneció en la sala del hospital San Martín, esperando por su hija, durmiendo en un pasillo y cuidando que su esposa y Marlon, su otro hijo, no se cayeran anímicamente, lo que más le impresionó era que casi todos allí estaban por lo mismo. “No te exagero -asegura-. La terapia intensiva estaba repleta de accidentados por el tránsito”.
Vistos desde lejos, somos como moscas que vamos y venimos cada vez más rápido, más torpes. Un día cae una. O dos. Al día siguiente otra. Y otra. Es una epidemia en la que nos volvemos más chiquitos y vulnerables y a la que, como si fuésemos seres sin conciencia ni protección, la organización civil Luchemos por la Vida le adjudicó en los últimos 15 años un total de 112.276 muertos en el país. El promedio es contundente: 21 muertos por día en accidentes de tránsito.
Vistos desde cerca, dejamos de ser moscas o simples números de una estadística escalofriante y nos convertimos en historias o voces que conmueven e impresionan. Como Laila. Como Matías Esparraguerra, un pibe de 24 años que fue embestido en una esquina de Berisso y abandonado por el conductor de un 504 blanco. O Como Nicolás Palomo, que tenía 21 años y el 4 de mayo pasado fue la víctima 51 en la esquina de 137 y 529. O como Walter Zucchini, que el 5 de enero perdió el control de su moto en 12 y 476 y, sin casco de protección, salió despedido para morir en el primer impacto contra el suelo.
Walter era el menor de diez hermanos de una familia humilde de City Bell. Acababa de cumplir 16 años. Su muerte fue la primera que se cobró el tránsito este año. Pero para su familia no fue un accidente sino un hecho que se tiene que investigar.
“Había dos pibes más corriendo picadas esa tarde con él -cuenta Darío, uno de sus hermanos y quien se encargó de levantar en el lugar de la tragedia, a metros del paso a nivel de la estación de City Bell, un altar en su memoria-. No sólo lo encerraron al llegar a la curva sino que lo dejaron tirado en una zanja”.

HISTORIAS
Sospechas. Recuerdos. Voces que evocan vidas que se fueron en pleno tránsito y un dolor que se vuelve infinito en cada uno de los relatos. La historia de Dora, esposa de Diego Sappa, se escribe con el mismo trazo de dolor que relatos como el de Darío o Gustavo. Era el 24 de diciembre de 2011 y su esposo salió a las 9 de la mañana para ir a visitar a un amigo. Iba de Villa Elisa para La Plata, pero en 25 y 525 se le cruzó un auto que dobló en U y no quedó mucho por hacer. “Me llamó un conocido para avisarme que Diego había tenido un accidente -recuerda Dora-. Lo llamé al celular y me atendió la policía. Ahí me dijeron que estaba en el San Roque. Fuimos con uno de mis hijos y me recibió una médica que se me puso a explicar todo lo que había sufrido Diego. En ese momento me di cuenta de que me hablaba de él en pasado. ‘¿Usted me quiere decir que murió?’, le pregunté. Cuando me dijo que sí, me quedé en shock, paralizada. No podía moverme ni llorar. Se me vino el mundo abajo”.
Diego era un dirigente conocido y querido de Villa Elisa. Lo último que le alcanzó a decir a su mujer fue que volvía enseguida. “‘En una hora y media vuelvo’, fue lo último que me dijo”, repite Dora como si todavía lo estuviera viendo o escuchando.
El desconsuelo de Dora es tan inmenso y penoso como el que vive Javier Gusmerotti desde el 16 de febrero de ese mismo año, cuando su hijo Lucas, de tan sólo 8 años, andaba en bicicleta por la puerta de su casa, en 41 y 124, y un remise le quitó la vida tras pasarlo por arriba. “Dijeron que se haría justicia pero no pasó nada”, cuenta Javier, cansado de reclamar pero de ver que todo, en realidad, está cada vez peor.
En su caso se encontró al culpable pero ya fue sobreseído. “Mi hijo está muerto y el tipo que lo mató sigue como si nada -lanza Javier con una impotencia para la que no alcanzan los adjetivos-. El delegado comunal había prometido después del accidente que iban a poner reductores de velocidad y que habría más controles. ¿Sabés que hicieron? Pusieron una soguita un par de días para que los autos no vayan rápido. Nada más. Ahora si venís por acá vas a ver que no dejaron ni la soguita. Y los autos siguen pasando a toda velocidad. Como locos, como siempre”.
Para Javier sólo es cuestión de tiempo para que en su barrio haya otro caso como el de Lucas. “Uno por ahí no se da cuenta hasta que le toca -dice-. Cuando fue lo de mi hijo había cuatro o cinco nenes andando en bicicleta. Le tocó al mío como le podría haber tocado a cualquiera. El problema en esto es que todos somos responsables: la gente que conduce tiene culpa por no respetar las velocidades ni las señales, y los que deberían controlar tienen culpa también porque aparecen cuando hay un accidente y después no se los ve nunca más”.
Si bien el crecimiento alarmante del problema -al que los expertos llaman epidemia silenciosa- ya no distingue edades o perfiles, el llamado Mapa del Trauma realizado en hospitales públicos de la provincia de Buenos Aires por el Ministerio de Salud bonaerense reveló que el 27,2% de los pacientes ingresados por traumatismos a esos centros de salud protagonizaron accidentes en moto, la mayoría tiene entre 14 y 34 años y sufrieron golpes en la cabeza, las piernas y los brazos.
En esta epidemia donde caemos como moscas y donde cada día aparece un nuevo caso para acrecentar la estadística, los pibes como Walter, Matías o Laila son los primeros en convertirse en víctimas. “Mi hija había ido a acompañar al novio a las picadas -cuenta Gustavo-. Nunca supe si él corría o no. Es raro. A veces se me cruza la necesidad de saber y, a veces, cuando veo a mi otro hijo, me digo que a Laila ya no me la va a devolver nadie y entonces pienso que tengo que ser fuerte por él y mi mujer y seguir adelante. Qué se yo. Lo que sí uno sabe es que las picadas donde se mató mi hija no terminaron. Todo el mundo sabe que el Bosque es una zona liberada. Y hasta ahora nadie hizo nada para que la cosa cambie”.
Sospechas. Recuerdos. Los accidentes de tránsito y los muertos que van quedando en el camino son, como dicen, una epidemia para la que parece no haber antídoto ni freno. Como un goteo constante y lapidario. Un goteo que sigue. Que suma nombres. Que no termina más.

HISTORIAS DE UN DRAMA
- El 2 de abril pasado Laila terminó gravemente herida en un accidente de tránsito que se registró frente a la entrada del Zoológico. Viajaba junto a su novio a bordo de un Fiat 128. Murió dos semanas después.
- Lucas Gusmerotti, de 8 años, paseaba en bicicleta a metros de su casa y fue atropellado por un remis que le causó la muerte. Ocurrió el 16 de febrero de 2011 y el conductor ya fue sobreseído.
- El 24 de diciembre de 2011 Diego Sappa salió de su casa de Villa Elisa para ir a visitar a un amigo. En 25 y 525 se le cruzó un auto y murió horas después.
- En enero de 2012 Matías Esparraguerra fue atropellado por un auto en 24 y 164 mientras iba en moto hacia la carnicería donde trabajaba. El conductor quedó libre.
- El 5 de enero pasado Walter Zucchini, de 16 años, murió tras caer de su moto en City Bell. Fue la primera víctima fatal del año. Sus familiares reclaman justicia.

UNA PROBLEMÁTICA QUE ENCIERRA DISTINTAS CAUSAS
El crecimiento del parque automotor y la falta de políticas contribuyen a que el número de muertos por el tránsito sea cada vez mayor
A la hora de intentar entender el crecimiento en el número de accidentes y de muertos en el tránsito local, los expertos y quienes entienden en la problemática enumeran una serie de causas que van desde el crecimiento del parque automotor, el ritmo de vida alocado que impone la sociedad actual y hasta las nuevas formas de manejar o conducirse por la calle, entre las que, según la ONG Luchemos por la Vida, se destaca que se duplicó el uso de los celulares por parte de los conductores y se triplicó en el caso de los peatones.
“En parte esta escalada es atribuible al incremento demográfico de nuestra ciudad”, dice Carlos Vercellone, titular de la Fiscalía Nº10 de La Plata, a donde van a parar los accidentes viales considerados delitos culposos. Según la visión del fiscal, este crecimiento “no se corresponde con una modernización de los espacios disponibles para la circulación vial. Hoy esos espacios se ven sobrecargados durante todo el día y saturados en las llamadas horas pico”.
En tren de encontrar causas que expliquen el drama, Vercellone apunta también al crecimiento de la industria automotriz y “la inexistencia de un medio público de transporte que sea moderno, eficiente y barato, que estimule a dejar el auto en casa a la hora de concurrir al trabajo”.
Tras comentar que durante los fines de semana el promedio de casos viales donde se registran muertos es de “entre tres y cuatro”, Vercellone precisa que “en más de la mitad de los hechos que llegan a la fiscalía está involucrada una motocicleta”.
La falta de casco, el exceso de velocidad y el consumo de alcohol o drogas al conducir, se apunta, suelen funcionar como detonantes de estos accidentes.

Fuente: DIARIO EL DÍA – LA PLATA 7 DE JULIO DE 2013

Fecha de actualización: 2013-07-07

 

   
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