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Qué es el efecto Cyborg?

Nota N° 42, por Fernando Ulloa, Responsable de Conducta Vial

Cuáles son las causas que producen los accidentes de tránsito?

De quién es la responsabilidad?

Son las calles y las rutas las culpables de que se produzcan estos lamentables siniestros de tránsito al no avisarnos de su estado?

Es culpa de la lluvia o el periodista especializado que no nos avisaron a tiempo de que se venía el aguacero?

Es el hombre? Es su señora esposa?

Hay una realidad: los problemas de tránsito no son de ahora y preceden a la creación del automóvil. Investigaciones realizadas, por ejemplo, citan una congestión espectacular ocurrida el 23 de diciembre de 1879 en Nueva York, durante cinco horas, en el área sur de la calle Broadway, cuando se produjo un atolladero de tránsito extraordinario y sin precedentes en el que participó todo tipo de carros tirados por caballos.
Pobre los caballos! Seguro que en aquel entonces eran ellos, según el hombre, los responsables de los siniestros.
Por la magnitud de cambios que introdujo, el automóvil representó un salto.
Una de las razones es el efecto Cyborg: una persona que conduce no es sólo una persona ni un auto y tampoco es la suma de los dos. Es otra entidad: un cuerpo de una tonelada capaz de acelerarse a velocidades para las que, desde el punto de vista evolutivo, nuestro cerebro no está preparado. Para suavizar ese desajuste, los ingenieros de tránsito crean paisajes con seguridad técnica: rutas planas y rectas para aumentar la visibilidad, bordes despejados y anchas banquinas para minimizar el impacto de un despiste. La seguridad psicológica que resulta de esto dispara una escalada: las velocidades aumentan a medida que disminuye la percepción del peligro. Se lo ha llamado “homeostasis del riesgo” e “hipótesis de la compensación”.
El Cyborg, además, carece de una capacidad humana fundamental: la comunicación. “Meternos en un automóvil nos deja poco menos que mudos. En vez de vocabularios complejos y sutiles, el lenguaje del tránsito se reduce a un abanico de señales básicas”. Un bocinazo puede ser una reconvención o un saludo; un volantazo imprevisto puede ocurrir para evitar un obstáculo inesperado o por distracción. La necesidad de comunicación es tal que el conductor interpela a otro que le cerró el paso aunque no pueda escucharlo, o presta más atención a la dirección de la mirada de un ciclista que a los gestos convencionales. El hecho de que en el tránsito se pierda la capacidad de mirar a los ojos nos hace pocos solidarios y desencadena en infinidad de malentendidos. Las relaciones de poder también se trasladan a las calles. Cuando un conductor se ve obligado a permanecer detrás de un automóvil que no reacciona ante la luz verde, los que primero tocan la bocina son los conductores urbanos y los hombres. Y lo hacen antes si el conductor de adelante es joven, mujer o tiene un auto económico….

Fuente: Algunos conceptos de esta nota fueron extraídos de nota “Los riesgos del camino” de Ana María Vera, en La Nación Cultura del 13/03/2010, en sección “Crítica de Libros” comentando su parecer acerca del libro “Tráfico” de Tom Vanderbilt.

Fernando Alberto Ulloa
Responsable de Conducta Vial

Fecha de actualización: 2011-11-16

 

   
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