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Seguridad o Riesgos Viales?

Nota Nº 12, por Juan José Niedfeld, nota para Conducta Vial.

En esta etapa de la humanidad donde tanto la evolución como sus consecuencias son desmedidos, -que no se ha cuantificado- tiende a desaparecer el término Seguridad – que no hay peligro de que temer- para transformarse en Riesgo.
El hombre siempre estuvo expuesto a los riesgos de la naturaleza y a los que el mismo se genera, el gran problema es que el término “ desmedido ”, aplicado a las consecuencias de los cambios continuos, produce nuevos riesgos que no pueden ser percibidos por gran parte de la gente que se expone a ellos.
Es esto lo que hace desaparecer el término Seguridad y tener que reemplazarlo por Riesgo, ya que no sabemos si estamos o no expuestos a algún nuevo peligro.
El inconveniente, grave, es que nos sentimos inseguros pero no tenemos el conocimiento ni la dimensión de los riesgos que asumimos y esto provoca que ilógicamente se arriesgue con asiduidad la vida, propia o ajena, en contra del natural instinto de supervivencia.
Por qué se hace? Solo por el grado de inconciencia que existe sobre esa situación, mientras se la esta viviendo.
Es importante desarrollar una cadena de definiciones que nos permita, ubicando los conceptos en el orden necesario, facilitar la tarea de actuar preventivamente frente a situaciones de peligro.
DAÑO: Es un efecto negativo, cualquiera fuere su intensidad o el aspecto de nosotros que afecte, que puede ser material, psicológico, moral, corporal etc.
RIESGO: Es la factibilidad, mayor o menor, de que un determinado daño se produzca.
CONCIENCIA: Es, a través del análisis de un determinado conocimiento, darse cuenta de algo.
PREVENCIÓN: Es actuar con anticipación para poder prever un daño y lograr evitarlo.
Esta secuencia, permite inferir que mientras no tengamos el conocimiento y la debida asunción de los daños, que podemos sufrir o provocar, ( y son innumerables, aún en el menor de los accidentes, y para todos y cada uno de los participantes, sin importar su culpa o responsabilidad en el hecho) no tendremos posibilidad de medir el riesgo real al que estamos expuestos.
Por el contrario, de visualizar y valorar realmente los probables daños, dimensionaremos el riesgo que corremos y, recién en ese caso, podremos modificar las actitudes para actuar preventivamente.
La particularidad positiva de esta compleja situación -porque si no lo fuera no estaríamos en los niveles de accidentología que tenemos- es que cuando consigamos darnos cuenta o tomar conciencia de esa exposición a riesgo vamos a actuar preventivamente en forma casi automática e instintivamente.
Claro que el desarrollo de las acciones preventivas las practicaremos con la aptitud e idoneidad que nuestras capacidades y capacitaciones nos lo permitan, por lo que siempre es buena la intervención de los técnicos, junto a las experiencias de los que realmente están expuestos a los riesgos -los capacitados- para determinar las mejores acciones y que sean suficientes para evitar los posibles daños.
Por todo esto ya no debiéramos hablar ni dar cursos de “Seguridad”, vial o cualquier otra, sino de “los riesgos y las acciones preventivas que permiten evitar los daños”
En resumen, “detectar y exponer los riesgos para evitar que la gente se exponga a ellos”
Cuando el análisis se produce respecto de los Riesgo Viales se transforma en un sistema complejo, no solo porque los participantes son varios, - camino, conductor, vehículo- sino que cada uno de estos actores se ha transformado en complejo por sus variedades, disimilitudes y otras circunstancias influyentes que impiden y se contraponen con el facilismo de hablar genéricamente de “los caminos”, “los conductores” y “los vehículos” como si tuviesen un comportamiento invariable, generasen siempre los mismos problemas, o hubiese recetas mágicas para la solución de estos últimos.
Debemos agregarle que tampoco es posible abordar la problemática desde el individualismo de esos elementos sino que, necesariamente, el estudio debe hacerse sobre la interacción de los, ya complejos, integrantes del problema.
Claro está que el único capaz de adaptarse a las circunstancias que propongan los demás factores, de forma inmediata sin esperar la mejora del resto para dejar de correr riesgos, es el Conductor y por eso la capacitación o charla debe exponer sobre los riesgos de los tres elementos-sistemas, para intentar cambiar la actitud, de participativa a preventiva, en el conductor.
Se ha visto, en cuanto texto hable del tema, que el 90% de los accidentes viales son causados por errores humanos, una expresión que permitiría inferir que actuar sobre estos actores, corrigiendo errores, sería suficiente para solucionar el problema.
Pero el “Error Humano” no es eliminable y no podemos ni debemos tomarlo como causa de los accidentes viales sino que debemos analizar otras causas latentes que conforman algo mas complejo, las causas del error humano, y es el Factor Humano.
En este “Factor Humano” es probable que participe, en gran parte, la Inconciencia – que realmente aleja la causa del accidente de un verdadero error- y otras variables que coadyuvan como la Irresponsabilidad –en el incumplimiento de las normas-, la Ineptitud –por falta de capacitación-, la Inexperiencia -por falta de cursos prácticos obligatorios-, el Desconocimiento, por falta de exámenes exigentes, etc.
Es por esto que las soluciones, o sus intentos, para disminuir el riesgo vial a su mínima expresión debieran estar mas cerca de las campañas de educación en prevención que del control.
Sobre todo porque algunos controles - como una cámara filmadora oculta - solo actuarán sobre el infractor y tarde, una vez que la infracción fue cometida, sin concienciar a la gran cantidad de no infractores que pasaron delante de ella y que, en algún momento, por alguna de las circunstancias del factor humano, pueden provocar un accidente.
Si avanzásemos mas en dirección al análisis de las responsabilidades que de las culpas, y los sistemas se avocaren a la organización, aunando los esfuerzos de las políticas, las normas y los procedimientos de control y prevención, haciéndolos amigables para ser aceptados por los usuarios, e incorporados desde la mas temprana edad en la educación, el factor humano reducirá los márgenes de error a valores tolerables.
De lo contrario, ayudado por el caos del crecimiento y desarrollo desmedido, solo podremos medir los índices de error con estadísticas, como hechos ya sucedidos, que no tienen vuelta atrás, dañosos, reales y dolorosos, que educan solamente a aquellos a los que les ha provocado perdidas irreparables, mientras los demás las miramos como números de un sorteo que, cual juego de azar, creemos que no nos va a tocar.
Esto es una limitación para el real conocimiento del problema y para la búsqueda de soluciones porque, también acá, juega un factor humano que puede cometer errores por inconciencia, desconocimiento, etc. aumentando los riesgos, pero esta vez, de no hallar buenas respuestas y, por ende, que sigan sucediendo nuevos accidentes viales.
Este ritmo o vorágine en la que transitamos, por la vía pública o la vida, nos impide reflexionar sobre cualquier aspecto, porque ello implicaría utilizar tiempo -que no disponemos- y la falta de análisis profundo nos impide ver claramente los cambios, que nos rodean e involucran a una velocidad que, de percibirla, nos sorprendería.
He aquí otra limitación para el aporte individual a las soluciones, es imposible modificar conductas que no percibimos como erróneas.
Pero, también, es una guía para los capacitadores, necesariamente hay que conducir al grupo hacia la reflexión, sobre los daños y los riesgos, para que puedan tomar conciencia y actuar en forma preventiva.
Es necesario lograr en el capacitado que profundice la mirada, que acepte una nueva realidad que hace mucho convive con el y no ha visto, donde los movimientos y acciones que tiene automatizados han dejado de ser efectivos para pasar a ser riesgosos, y que esta variación será indefinida en el tiempo y tan cambiante como la realidad diaria.
Con el agravante de la velocidad, que deja casi todo en el pasado, porque cuando advertimos un daño es porque lo hemos sufrido y cuando vemos un riesgo es porque estamos dentro del mismo.
Esa velocidad que pocas posibilidades le da a nuestro entendimiento de entenderla, si nos parece lenta una consulta que hacemos en Internet y demora un minuto para traer información del diario de hoy de los lugares mas remotos del mundo, esa velocidad que entra en nuestras vidas para todo y no sabemos por qué, pero si sabemos que estamos apurados aunque no sepamos para que.
Esto provoca una disociación entre el tiempo real y nuestra percepción, donde nuestros movimientos y acciones se rigen por una sensación errónea, donde el apuro nos hace transitar por enormes riesgos – hasta de vida en muchos casos- por décimas de segundos que nos adelantamos en el recorrido y que luego perdemos multiplicadas por 10 o por 100, sin motivo alguno, en el mismo camino.
Cualquier capacitación, deberá transitar por estos carriles, compitiendo duramente con los conceptos y preconceptos que están instaurados en nuestras mentes, para lograr una acción tan fácil de practicar pero tan difícil de poner en práctica como la Reflexión.

Juan José Niedfeld, Especialista en Seguridad Vial.
Nota de Octubre del 2008

Fecha de actualización: 2011-01-01

 

   
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